La metralleta antiaérea de Luis Palao Berastain

Autorretrato - por Luis Palao Berastain

Esta noche fue como la crónica de una muerta anunciada (como la del Gabo). El tema era el arte contemporáneo, los ponentes: Ricardo Córdova Farfán, Milko Torres, y Jorge Monteza, en el papel de moderador.

El público en su mayoría eran jóvenes, daba gusto ver la curiosidad y la inocencia en ese grupo humano, pero, también habían mayores, y dentro de ellos Palao...

Mi amigo Jesús Álvarez me dio un preámbulo de lo que se había expuesto, pues llegué medio hora tarde, y era sobre la crítica en el arte. Después le seguí el hilo, pero angustiado, pues Palao estaba ¡ahí!, escuchando pacientemente términos en verdad ofensivos, como: "acartonados, académicos, sentencias de caducidad, innovación, honestidad, originalidad"... en fin, todos soltados de manera desordenada, con una vanidad envuelta de falsa seguridad. Daba miedo todo ese ambiente lerdo y "acartonado", y la espera. Me parecía increíble como Palao pudo cargar con ese silencio, tal vez los años, el humor resignado, no lo se, y tampoco me atrevo a decirlo.

El asunto era que, si bien se hablaba de polémica, respeto y creatividad, lo que se podía apreciar era el discurso irrespetuoso de Milko Torres, y luego sus réplicas desesperadas por tratar de no mostrarse débil ante Luis Palao. Como preludio a ese desastre se escucharon los elogios de Ricardo Córdova hacia el hombre del sombrero, que aveces apoyaba el rostro en sus pálidos dedos. Pero todos esos halagos fueron desvirtuados por un doble discurso, en el que dijo que el arte en Arequipa no tenía más allá de 100 años, repetitivo, copista, mediocre y lleno de ignorancia.

Cuando el moderador dio el paso a las preguntas, ya se podía presagiar perfectamente lo que iba a pasar. Sabía que Palao siempre ha sido un fuerte creyente en al arte de la forma y la psiquis, que tiene muy poca paciencia, "que no sabe callar". Y fue como si un viejo soldado sacara una ametralladora antiaérea. Les dijo "payasos", ignorantes, que no sabía si reír o llorar, que todo lo que habían estudiado los ponentes en verdad no servía para nada, se defendió de todas las ofensas, de la hipocresía, paso por paso. Y sentí vergüenza ajena, también mucha cólera, porque a quien más se le había faltado respeto era al público, jóvenes testigos de un debate poco alturado y "honesto", y es irónico porque esa segunda palabra fue dicha innumerables veces.

Si querían hacer valer al arte "contemporáneo" usaron las peores herramientas, no midieron las circunstancias, el entorno, mucho menos acudieron al sentido común, ya que volví a escuchar el termino "acartonado", el discurso endeble del valor de lo "novedoso", el ataque a la autoestima de los jóvenes y su historia, pero todo bajo el aire diplomático de una conferencia... ¡Yo quería ver sangre!

Fue admirable la soberbia de Milko Torres -¡Si muerdes, yo te muerdo! - la cordialidad de Ricardo Córdova ante palabras tan duras, pero lo que más me asombró fue el desconcierto del moderador, quien en ese momento debió actuar más como un juez, pues Palao, con todo el respeto que tengo por su trabajo, se comportó de manera salvaje... Los "tres" debieron presagiar lo que ya estaba escrito desde un comienzo, no era necesario ser un genio.

Pero valió la pena. Una noche maravillosa, para darnos cuenta que aún hay personas que hablan con seguridad, y que saben defender el valor de sus sueños e ideales, no importándoles si el publico, o el tiempo,  pueda resultarles adverso.

Salvador Núñez